El reciente terremoto de magnitud 7,7 en Japón ha despertado una profunda inquietud sobre si este evento representa la culminación del movimiento o el preludio de un desastre mayor. La incertidumbre creció luego de que las autoridades niponas emitieran una alerta inusual solicitando a la población mantenerse vigilante ante posibles réplicas de gran escala. Esta medida resulta particularmente llamativa para la comunidad internacional, dado que, científicamente, la tecnología actual aún no permite predecir con exactitud cuándo ocurrirá un sismo. Por ello, Marcelo Lagos dio la nota.
El geógrafo chileno Marcelo Lagos explicó que esta reacción oficial responde a un estricto protocolo implementado tras la catástrofe de 2011. Según el experto, aquel megaevento sorprendió al país asiático porque fue precedido por un sismo de 7 grados que, inicialmente, no fue interpretado como una señal de advertencia. “Ese terremoto sorprendió a Japón, no lo esperaban, pero antes, en esa zona, se había experimentado un evento sobre 7 grados que luego se entendió como una actividad precursora”, detalló el académico en una reciente intervención televisiva.
Bajo este nuevo marco de seguridad, las zonas con historial de tsunamis y grandes movimientos telúricos activan sistemas de alerta temprana anticipada de forma preventiva. Lagos destaca que el objetivo de las autoridades no es infundir pánico, sino fomentar la preparación ciudadana frente a escenarios de riesgo. “No te invitan a la calma, sino que a reflexionar”, indicó el geógrafo, subrayando que en territorios de alta actividad tectónica como el archipiélago japonés, “lo poco probable no significa imposible”.
Lo que dijo Marcelo Lagos
En cuanto al comportamiento esperado de la tierra en los próximos días, el especialista señaló que lo habitual es que la frecuencia de las réplicas disminuya conforme pasa el tiempo desde el choque principal. Aunque aclaró que esto no descarta de forma absoluta la aparición de un nuevo evento importante, reafirmó que por lo general se cumple la ley de descenso en la actividad. La vigilancia extrema actual es, por tanto, una medida de cautela técnica ante la naturaleza impredecible de las placas tectónicas.
Finalmente, Marcelo Lagos recordó el vínculo geológico que une a las costas del Pacífico, mencionando la histórica “reciprocidad” sísmica entre Chile y Japón. Debido a su ubicación geográfica, ambos países suelen verse afectados por tsunamis transoceánicos generados por sus respectivos terremotos. Esta conexión subraya la importancia de estudiar los protocolos japoneses, ya que la actividad sísmica en un extremo del océano tiene repercusiones directas y documentadas en el otro.