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Síntomas del síndrome de piernas inquietas pueden variar desde molestos hasta incapacitantes

¿Qué es el síndrome de las piernas inquietas? ¿Cómo se diagnostica y qué se puede hacer al respecto?

Los síntomas del síndrome de las piernas inquietas, también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, pueden variar desde molestias ligeras a discapacidad, y un síntoma secundario importante es la dificultad para dormir bien por la noche. Todos los síntomas combinados pueden tener un efecto nocivo sobre la energía, la vitalidad, el pensamiento y el ánimo de la persona.

El diagnóstico del síndrome de las piernas inquietas se basa en la identificación de los síntomas clásicos, los cuales incluyen un impulso irreprimible para mover las piernas, junto con una sensación incómoda en muslos, pantorrillas o pies, y ocasionalmente hasta los brazos, que puede describirse como un dolor o un ardor que trepa, hormiguea, sacude o descarga electricidad. Ese impulso de mover las piernas, a veces, también puede presentarse sin las sensaciones. El síndrome de las piernas inquietas normalmente provoca sensaciones que empiezan o empeorar con el reposo o la falta de actividad, como ocurre al acostarse o sentarse, y suelen ser peores al atardecer y la noche. Estas sensaciones normalmente se alivian solo con el movimiento, como caminar o estirar los músculos, hasta que al final pasan.

Es común que las personas con síndrome de las piernas inquietas tengan dificultad para dormir o no alcancen un sueño reparador. Alrededor del 80 por ciento de quienes sufren del síndrome de las piernas inquietas también presenta movimientos periódicos de las extremidades cuando duerme. Es decir, sacuden las piernas o patean durante el sueño, lo que altera la calidad del mismo, aunque la persona generalmente ni se entera.

“Si usted tiene síntomas del síndrome de las piernas inquietas que ocurren de forma periódica y no repercuten mucho sobre su vida, posiblemente pueda calmar la sensación con masajes en las piernas, estiramiento de los músculos de las piernas, caminatas o un baño caliente. A fin de prevenir los síntomas, mantenga la mente ocupada al atardecer con, por ejemplo, crucigramas, conversaciones, tejido u otras actividades útiles. Intente no beber cafeína desde temprano en la tarde, porque a veces eso contribuye al problema”, recomienda el Dr. Vichaya Arunthari, de Neumología y Cuidados Intensivos de Mayo Clinic en Jacksonville, Florida.

En el caso que no se puedan manejar los síntomas por sí mismo, entonces, el primer paso es examinar si el nivel de hierro es insuficiente mediante un análisis de la ferritina, porque hasta una medida de ferritina sérica dentro del rango normal puede estar suficientemente baja y contribuir a los síntomas del síndrome de las piernas inquietas.

“Cuando el nivel de hierro es bajo, lo que normalmente se recomienda es reemplazarlo con un suplemento, aunque en algunos casos se puede considerar reemplazar el hierro por vía intravenosa”, explica el especialista de Mayo Clinic.

Otro primer paso es pedir al médico que mire todos los medicamentos recetados y no recetados que toma, así como los suplementos, para ver si alguno podría contribuir a los síntomas.

“Si ninguno de estos cambios bastase para aliviar los síntomas, el médico puede recetarle medicamentos para reducir el síndrome de las piernas inquietas. Existen varios de venta bajo receta médica que pueden reducir los movimientos de las piernas, pese a que en su mayoría hayan sido elaborados para tratar otras enfermedades, y entre ellos están los medicamentos que aumentan la dopamina en el cerebro, los opioides, los relajantes musculares y las pastillas para dormir. Sin embargo, es probable que se necesiten hacer varias pruebas hasta encontrar el medicamento, o la combinación de medicamentos, que funcione mejor en cada caso”, comenta el Dr. Vichaya Arunthari.

A veces, esas alternativas farmacológicas no surten efecto, pierden su eficacia o producen efectos secundarios que se vuelven intolerables. En tales casos, suele valer la pena regresar a lo más básico y revisar minuciosamente los niveles de hierro u otros factores que podrían obstaculizar el esfuerzo por controlar los síntomas, tales como un trastorno del sueño o los medicamentos.

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