Santiago, 07 de septiembre de 2026.– Hay ciudades que se conocen siguiendo un mapa y otras que comienzan a revelarse a través de los sentidos. En Cusco, el viaje puede partir con el sonido del agua, continuar entre tejidos de colores profundos, detenerse frente a una danza tradicional y terminar alrededor de una mesa, probando ingredientes que forman parte de la identidad de Los Andes.
Esta manera más pausada y atenta de recorrer los destinos está adquiriendo relevancia entre viajeros que no solo quieren fotografiar un lugar, sino comprenderlo, saborearlo y sentirse parte de su ritmo cotidiano. Cusco ofrece esa experiencia en sus calles, mercados, cocinas y expresiones artísticas, donde el pasado no aparece como una pieza inmóvil, sino como una presencia que continúa transformándose.
Una de las mejores rutas para aproximarse a esa identidad es la Avenida El Sol, una de las vías más representativas de la ciudad. Su recorrido atraviesa diferentes capas de la historia cusqueña y conecta espacios culturales, patrimoniales y cotidianos que pueden descubrirse caminando.
El trayecto comienza en la Paccha Pumaqchupan, cascada urbana cuyo nombre puede traducirse como “cola del puma”. Esta denominación se relaciona con la antigua representación de Cusco como un puma, figura relevante dentro de la cosmovisión andina y símbolo de fuerza, sabiduría y conexión con el mundo terrenal. Este espacio emblemático se encuentra en el sector donde confluyen los ríos Saphy y Tullumayo.
Frente a esta caída de agua se encuentra el Hotel Cusco La Paccha Affiliated by Meliá, cuyo nombre y concepto se inspiran en este espacio urbano. Su identidad busca conectar al huésped con el destino mediante elementos que remiten a la cultura, el arte y el carácter cusqueño, mientras que su ubicación permite incorporarse naturalmente a la vida de la ciudad y recorrer a pie algunos de sus principales espacios culturales.
Desde enero de este año, el establecimiento forma parte de Affiliated by Meliá y su incorporación representa la llegada de esta propuesta a Cusco, integrando la experiencia y los estándares de Meliá con la identidad cultural y el entorno local del destino.
“La experiencia de Cusco comienza mucho antes de visitar sus monumentos. Está en sus calles, en sus tejidos, en su gastronomía y en la forma en que conviven diariamente la memoria y la vida contemporánea. La Paccha busca ser un punto de partida para que nuestros huéspedes puedan conectarse con esa identidad de una manera cercana, respetuosa y auténtica”, señala Delizabeth Huaman, gerente general de Hotel Cusco La Paccha Affiliated by Meliá.
Una ciudad que también se cuenta a través de sus tejidos
Dentro del hotel, el primer acercamiento a la cultura peruana aparece en diez obras de Máximo Laura, artista nacido en Ayacucho y heredero de cinco generaciones de tejedores. Sus tapices combinan iconografía ancestral, simbolismo andino, colores intensos y técnicas contemporáneas.
Reconocido internacionalmente como uno de los artistas textiles más destacados y singulares de Sudamérica, Laura ha construido un lenguaje visual influenciado por culturas como la Wari, Paracas, Nazca y Chavín. En sus composiciones, los símbolos precolombinos conviven con nuevas formas, texturas y combinaciones cromáticas.
“Las obras de Máximo Laura nos permiten contar una parte de la identidad peruana desde una mirada actual. Sus tapices conservan símbolos, técnicas y colores profundamente vinculados con el mundo andino, pero los reinterpretan mediante un lenguaje contemporáneo. Queremos que este encuentro con el arte sea también una invitación a mirar Cusco con mayor profundidad”, explica Huaman.
La tradición textil también se encuentra presente mediante el trabajo de las artesanas de Chinchero, conocidas como las “mamitas de Chinchero”. El relato puede continuar fuera del establecimiento. En el centro histórico se encuentra el Museo Máximo Laura, que reúne una colección permanente de tapices y permite profundizar en las técnicas, los símbolos y las influencias que han definido la trayectoria del artista.
Música, movimiento y cultura viva
En las inmediaciones del hotel se ubica el Centro Qosqo de Arte Nativo, institución dedicada a preservar y difundir las danzas, la música y la vestimenta tradicional de Cusco. Sus presentaciones reúnen a músicos y bailarines que mantienen vigentes expresiones provenientes de distintas comunidades de la región.
También frente al establecimiento se encuentra uno de los principales mercados artesanales de la ciudad. Entre textiles, cerámicas, trabajos en cuero y piezas elaboradas en lana, el recinto ofrece otra aproximación al color y a los oficios tradicionales que siguen formando parte de la economía y la identidad local.
Desde allí, la Avenida El Sol conduce hasta el Qorikancha, antiguo Templo del Sol y uno de los espacios que mejor representa las distintas épocas que conviven en Cusco. Sus muros incaicos se encuentran con la arquitectura colonial del Convento de Santo Domingo, formando un conjunto donde la historia puede leerse directamente sobre la piedra.
El Qorikancha está ubicado a aproximadamente 700 metros del hotel. La caminata puede continuar hasta la Plaza de Armas, situada a 1,3 kilómetros, entre museos, iglesias, talleres, cafeterías y construcciones que conservan el trazado del centro histórico.
“Nuestra ubicación permite acercarse a Cusco sin prisa y a escala humana. Desde la Paccha Pumaqchupan es posible caminar hacia espacios donde la cultura sigue ocurriendo todos los días, encontrarse con sus artistas y artesanos, escuchar su música y comprender que la identidad de la ciudad no está encerrada en un solo lugar”, agrega la gerente general.
Conocer Cusco es sentarse a la mesa
La identidad de la ciudad también se expresa mediante aromas, ingredientes y preparaciones vinculados con la geografía andina. Quinua, choclo, trucha, aguaymanto, hierbas y otros productos del territorio forman parte de una cocina que combina memoria y nuevas interpretaciones.
El restaurante de Hotel Cusco La Paccha Affiliated by Meliá incorpora preparaciones tradicionales de la gastronomía peruana, como ají de gallina y lomo saltado, además de una versión del ceviche elaborada con trucha, que traslada una de las recetas más emblemáticas del país al paisaje de altura.
En el desayuno, la propuesta incluye granos andinos, choclo y mermelada de aguaymanto, entre otros productos locales y frescos de temporada.
La experiencia se extiende a Kusiy Bar. Su nombre proviene del quechua y significa alegría, felicidad o alborozo, concepto que inspira un espacio pensado para celebrar, compartir y descansar después de recorrer la ciudad.
Su coctelería busca poner en valor los sabores peruanos mediante frutas como el tumbo y el aguaymanto, hierbas como la muña y un licor digestivo artesanal elaborado a partir de un destilado de caña de azúcar macerado con una selección de hierbas, raíces y flores andinas.
“La gastronomía es una de las formas más directas y memorables de conocer un destino. Nuestra propuesta reúne recetas reconocibles, ingredientes peruanos y sabores vinculados con el territorio, permitiendo que cada plato o cóctel cuente una pequeña parte de la historia y diversidad del país”, comenta Huaman.
Entre caminatas, estímulos y la altura propia de Cusco, el descanso también adquiere un sentido diferente. El hotel cuenta con 167 habitaciones distribuidas en dos bloques, con alternativas individuales, dobles, familiares y accesibles, además de categorías superiores con balcón.
La experiencia se completa con un spa que ofrece masajes y tratamientos orientados a recuperar el cuerpo y encontrar un momento de calma después de una jornada recorriendo la ciudad.
El futuro también forma parte del paisaje
La relación con el destino no se expresa únicamente mediante el arte o la gastronomía. Desde 2019, el hotel cuenta con más de 200 paneles solares, incorporando energía renovable a su funcionamiento y sumando una dimensión sostenible a la experiencia.A esta infraestructura se añade un trabajo orientado a reducir progresivamente los plásticos de un solo uso y reemplazarlos por alternativas más sostenibles, promoviendo prácticas de consumo responsable dentro del hotel.
“La conexión con un destino también implica asumir la responsabilidad de cuidarlo. La incorporación de energía solar y la reducción progresiva de plásticos de un solo uso representan decisiones concretas para avanzar hacia una operación más eficiente y coherente con el valor natural y cultural de Cusco”, afirma la ejecutiva.