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La gran huelga del salitre (1907) y las luchas obreras y populares del siglo XXI



Víctor Iturrieta, militante Unión Patriótica UPA.

Estando a unos pocos días de conmemorar los 110 años de la Lucha de los Obreros de las Salitreras del Norte Grande, que lamentablemente paso a la historia como la matanza de la Escuela Santa Maria de Iquique, hemos visto como los distintos grupos de izquierda buscan referencias en este hecho o lo destacan como ejemplo. Más aún, el gobierno de la Nueva Mayoría, representante actual del Estado que asesinó brutalmente a miles de obreros en 1907, se une a los actos recordatorios, pretendiendo mostrar que existe una distancia abismante entre las características que poseía el Estado en aquel entonces con el actual.

 Nosotros los que aún tenemos la convicción clasista de que solo los cambios revolucionarios de la sociedad serán los que otorguen mejores condiciones de vida y mayor dignidad al pueblo trabajador, detenemos nuestra mirada en los hechos de 1907, con un gesto de respeto, hacia aquellos compañeros que entregaron su vida a la causa de los trabajadores. Sin embargo, se nos hace urgente dotarnos de una visión global sobre el contexto en que se desarrollaron estos acontecimientos, cual fue su real carácter y de que manera encontró una proyección en el movimiento popular. No con el afán de tener más conocimientos sobre historia, sino por la necesidad de aprender de los episodios más destacados de la lucha de clases en nuestro país, realizando nuestra crítica mirando hacia el futuro.

El contexto Socio-Histórico:

Es posible definir tres periodos de fuertes movilizaciones obreras y del mundo popular, dentro de cuyas “etapas” se expresa la movilización de las Salitreras en 1907[1]:

Primer Periodo (1890-1915): Caracterizado por la movilización de una masa aislada espontaneísta, recoge una de las características más específicas del desarrollo industrial, esto es, su concentración casi exclusiva en el enclave minero, y el carácter mas notable de la protesta es su alto grado de espontaneísmo.

Segundo Periodo (1916-1931):  Presenta una declinación en el carácter espontáneo y una expansión del movimiento sindical a distintas ramas industriales. Su rasgo mas distintivo se relaciona con la creciente influencia que tuvo sobre el movimiento sindical el Partido Obrero Socialista (POS). Además, durante los primeros años de la década del veinte también se organizo el PC, agrupación que asumió una permanente y significativa influencia sobre el Movimiento Obrero. Esta etapa puede ser denominada como desindicalismo en proceso de politización.

Tercer Periodo (1932-1945): la actuación de los partidos obreros siguió siendo un fenómeno importante, aunque el rasgo cualitativamente distinto y sin precedentes es la incorporación del movimiento sindical al gobierno, en este caso el Frente Popular, la que se mantuvo hasta 1945. Así es posible distinguir este periodo como de sindicalismo paraestatal.

Es necesario que tengamos presentes, a grandes rasgos, como es el marco histórico en que surge esta movilización y de que forma evolucionará, para comprender con mayor exactitud el comportamiento de los obreros en la movilización de las salitreras en Iquique.

Crisis en la Industria Salitrera:

La huelga comprendida entre el 13 y el 21 de diciembre fue un movimiento de los trabajadores, concentrados en el enclave que constituía el polo mas dinámico del desarrollo económico nacional de la época. La forma característica de la empresa salitral era laoficina de propiedad, por lo general extranjera y con administradores nacionales. La situación existente a fines del año 1907 reflejaba las características propias de una de las tantas crisis que atravesaba la industria salitrera. El Congreso y los periódicos de la capital debatían esta situación ampliamente afirmando en forma reiterada la existencia de una crisis. La crisis financiera había provocado una serie de focos de conflicto dentro de los cuales la huelga salitrera era solo uno, aunque el más destacado.

La Huelga en el Salitre:

El 11 de diciembre comienzan a confundirse los pequeños conflictos aislados con la gran huelga que pronto estallará. El 14 de diciembre se constata la huelga en las salitreras de Cantón Alto y San Antonio, con 8 oficinas paralizadas y alrededor de 2.400 trabajadores comprometidos. En la oficina San Lorenzo ya se había iniciado la huelga, al negárseles a los trabajadores el aumento de salarios solicitado. Al día siguiente paralizo Santa Lucia y ya el 14 se sabía en la Intendencia que los trabajadores pretendían bajar en masa a Iquique.

A partir del 15 de diciembre las autoridades intentan impedir el traslado de los trabajadores hacia Iquique, con medidas como la inutilización de las vías férreas. Sin embargo, los trabajadores lograron llegar a Iquique por distintos medios. Algunos lo hicieron a pie y otros, en definitiva, tomaron los trenes. De este modo, 1.500 trabajadores de las oficinas de Lagunas que protegieron el tren durante toda la noche llegaron a la ciudad. Los trabajadores en gran parte, se vieron obligados a bajar a Iquique, ya que junto a la paralización de los trenes se ordeno el cierre de las pulperías y despachos, si los trabajadores se quedaban en las oficinas, no habrían tenido alimentos.

Magnitud y Carácter del movimiento:

Es necesario aclarar la participación en el movimiento huelguístico fue superior a la cantidad de obreros concentrados en la ciudad de Iquique. En rasgos generales la participación efectiva en la huelga de la Provincia de Tarapacá fue de 37.141 trabajadores de un total de 43.440, según los datos de los Censos de población de 1907 y las estadísticas de las propias salitreras[2]. Estos datos nos permiten afirmar que se trataba de una Huelga General de las Salitreras de la provincia de Tarapacá. La magnitud que también es posible apreciar en la concentración producida en Iquique que paso súbitamente de cerca de 40.000 habitantes a 60.000, produjo una fuerte alteración de la rutina de la ciudad. Los comerciantes subieron los precios de los artículos de consumo (comidas en general) y de los alojamientos. Esto motivo la solidaridad de otras sociedades obreras, (como los veteranos del 79, la Gran Unión Marítima) que otorgaron víveres y alojamiento. Aquí podemos apreciar elementos destacados con respecto a los altos niveles deorganización que presentaban los obreros: “los trabajadores controlaban la ciudad, regulando el transito de carros, entregando permisos y ordenes escritas.  Esta situación llevaba a que gremios como el del transporte se subordinaron al Comité de Huelga, circulando solo cuando tenían instrucciones para ello. Por supuesto que el acceso a la Escuela, donde la directiva sesionaba en “asamblea permanente”, estaba también restringido. Podemos decir que toda la ciudad estaba ordenada en función de la huelga, algunos por solidaridad y otros por temor.

En lo que se refiere al carácter de esta movilización, debemos apuntar con claridad que esta tuvo una definición marcadamente pacifica, se trató de un movimiento primordialmente pacifico, todas las informaciones que apuntan a los contrario solo pueden ser reconocidas como justificación de la represión. No obstante, en los últimos días hubo un cambio de actitud, estos fueron días de enfrentamiento con la autoridad política, pero ello en la medida en que la solución se alejaba y el Intendente se ponía de parte de los salitreros.

En estos momentos, se puede hallar en el carácter de la huelga un trasfondo que trasciende al petitorio puramente económico. Los trabajadores empezaron a asumir actitudes francamente heroicas. Por ejemplo nadie, ni siquiera los trabajadores peruanos, bolivianos y argentinos que luego serán reprimidos por la tropa chilena, abandono el sector de la escuela, aún sabiendo que se pretendía dispararles.  

Objetivos del Movimiento:

Los objetivos de la movilización podían resumirse en dos tipos: económicos y sindicales. Los primeros hacían referencia a medidas tales como la eliminación del sistema de fichas, pago según el tipo fijo de cambio, comercio libre en las pulperías, etc. Entre los objetivos sindicales destaca la defensa de los organizadores del movimiento, exigiendo el establecimiento de medidas de indemnización en caso de remover a los huelguistas de sus labores. Cabe destacar que en esta movilización, que a pesar de poseer una gran magnitud y una potente capacidad de maniobra, carecía totalmente de objetivos políticos, lo que fue determinante a la hora de enfrentar la represión o de capitalizar sus resultados.

Política laboral del Estado:

En este periodo, la política laboral del Estado partía de una incorrecta comprensión de la realidad, al considerar como anormal la existencia de conflictos sociales. Para el gobierno de la época, los conflictos no podían existir porque no había grupos contrapuestos en la estructura social, y si surgían, solo lo hacían como producto de la predica subversiva, decía el Ministro del Interior: “lo único que persiguen nuestros trabajadores es obtener el mayor salario trabajando lo menos posible”.

La Negociación:

Los trabajadores y las autoridades locales y los salitreros esperaban desde el 15 la llegada del Intendente que venia desde Santiago con instrucciones del Gobierno. Desde ya el movimiento obrero veía en el Estado un mediador capaz de poner fin al conflicto. Es notable que, a su llegada a Iquique, los trabajadores hayan comenzado a dialogar inmediatamente con las autoridades políticas que les servirían de intermediarios. A medida que trascurrían los primeros días de conflicto y no se lograban acuerdos, los huelguistas reforzaban su confianza en que iba a ser la autoridad política quien lograría la solución. Para el gobierno, el problema principal residía en mantener el orden, para lo cual se valió de su fuerza militar.

Tras largas jornadas de negociación sin llegar a ningún acuerdo, el día 21 de diciembre Iquique amanecía bajo Estado de Sitio. Junto con implantarse el Estado de Sitio se censuro el telégrafo y se prohibió la aparición, impresión y venta de todo diario u hoja impresa. Pasado el mediodía del 21, el ministro Eastman ordena al general Silva Renard trasladar a los huelguistas desde la Escuela Santa Maria al Club Sport.

Se desata la Represión:

Silva Renard ordeno traer dos ametralladoras del Esmeralda y un piquete del regimiento O’Higgins, y los ubico apuntando hacia la Escuela. Las fuerzas militares se acercaron nuevamente a pedir que abandonasen la zona diversas personas, entre ellas los cónsules de Perú y Bolivia que trataban infructuosamente de marginar a sus connacionales. Estos respondieron que estaban allí voluntariamente y que “Seria cobardía y traición abandonar a los chilenos en la hora del sacrificio”. Los cónsules abandonaron la zona, en esos instantes aparecieron 400 trabajadores de los gremios de Iquique que avivaron a los huelguistas, concentrándose en la plaza.

El general evalúo militarmente la situación y, descartando un ataque de caballería o con bayonetas a las 15:45 ordeno que el piquete disparara a la azotea de la escuela, lugar donde se hallaba el Consejo Directivo; este no había imaginado la posibilidad de que se les disparara, pensando mas bien que se les sitiaría hasta rendirlos de hambre. Luego disparando dos ametralladoras de 600 tiros cada una, entrando a la Escuela con caballería y granaderos se produce el desalojo.

Seis o siete mil obreros fueron llevados al Hipódromo, Silva se dirigió a ellos diciendo: “¿Así que eran ustedes los guapitos que no querían salir de la Escuela? Sepan que soy yo el que mando”. Los obligó a rendirse y ponerse de rodillas, y los allanó personalmente, encontrando solo algunas cortaplumas y 4 revólveres, de ellos tres cargados “y ninguno con señales de haber sido usado”.

Conducción de la Huelga:

La huelga fue dirigida por un Comité de Huelga formado por representantes de la Unión Pampina, un delegado por oficina y por los presidentes de las Sociedades Obreras de Iquique, que se desempeñaron como vocales. El Comité sesionaba en forma permanente en la Escuela Santa Maria, con prohibición de abandonar el recinto. Ligados al Comité se encuentra tres grupos: una organización de Ayudantes de Orden dependiente de un delegado, una organización que recaudaba fondos y cambiaba fichas, a cargo del tesorero, y una comisión destinada a recibir y albergar a nuevos huelguistas.

Se dieron casos minoritarios de obreros como el dirigente Jorge Brig. Que tenia una orden de arresto por vinculaciones al movimiento anarquista, sin embargo, esta influencia era menor y provenía principalmente desde Buenos Aires. Las divisiones internas que presenta la movilización se hacen visibles después de la matanza, al declarar por ejemplo El Pueblo Obrero[3]que la acción huelguística no tenia ninguna eficacia y que era mucho mayor el valor de la lucha electoral.

Una Reflexión Final:

Los obreros y trabajadores del Norte Grande produjeron una gigantesca movilización, poniendo en jaque a las autoridades, pero principalmente al aparato productivo del gran capital. Sin embargo, los resultados de corto y largo plazo fueron dramáticamente negativos para el conjunto del movimiento obrero y para la clase trabajadora en general. Por una parte, producto de la dura represión, se instalo en los trabajadores un temor profundamente arraigado hacia la acción directa en contra del capital, la cual fue acentuada gracias a las divisiones existentes al interior de las organizaciones obreras.

Con la mirada amplia que entrega el paso de más de un siglo, es posible apreciar que la capacidad del pueblo para combatir por una sociedad mejor se construye con autonomía. No se puede esperar que desde el Estado se entregue una solución o que este actué de mediador entre el Pueblo y el Gran Capital, ya que en el momento decisivo actuará de acuerdo a sus intereses de clase. Si el pueblo no se prepara para combatir de forma amplia, es decir si no esta en condiciones de dar batalla en todos los escenarios de la lucha de clases, incluyendo el enfrentamiento armado, el enemigo utilizará toda su capacidad y su fuerza para desmovilizar a la clase trabajadora, no lo pensará dos veces a la hora de apuntar sus ametralladoras hacia los pechos descubiertos de los salitreros de ayer o de hoy.

 “Hoy los trabajadores en la Lucha no estamos solos: sino que centenares de almas mineras caídas en la Escuela Santa María, se levantaran con toda su furia y se reencarnaran en los trabajadores de hoy, estremecerán a la fuerza policial, se escucharan gritos de furia que ensordecerán al maldito opresor y no dejaran que maten a ninguno de nosotros, ellos darán nuevamente su lucha, pero esta vez, Si Ganarán, y al fin liberaran a su Pueblo”


[1] La siguiente clasificación fue tomada del libro de Crisóstomo Pizarro: La Huelga Obrera en Chile.

[2] Datos obtenidos del libro La Huelga Obrera en Chile.

[3] Uno de los principales medios de propaganda durante la huelga. 

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